Viernes, 15 de mayo
OPINION

APENAS UN PERIODISTA, ESENCIALES SON OTROS.

"No soy esencial. Soy apenas un periodista, un trabajador de prensa más, y lo digo sin demagogia ni falta modestia".

 
Escribo estas líneas todavía un poco decaído porque ayer me aplicaron la primera dosis de la vacuna y me pegó como una piña del mejor Monzón. Tipo gripe, con fiebre y todo, como me dijeron que podría pasar y es normal. Pero dejo para más adelante mi experiencia con la vacuna y empiezo haciendo una pequeña reflexión sobre por qué no quise que me vacunen cuando llamaron los periodistas.
No soy esencial. Soy apenas un periodista, un trabajador de prensa más, y lo digo sin demagogia ni falta modestia porque no soy ejemplo de nadie (sólo intento serlo para mis hijos, que son los que se crían en casa). Y lo digo con genuino respeto a los colegas (muchos de ellos amigos) que se vacunaron por convicción y hasta por necesidad. Gente que aprecio y admiro. Pero somos periodistas y en la bolsa, como pasa en toda profesión, no falta el pavo que va a todas las clandestinas que salen y después -en su medio- comenta y critica a los boludos como él.
Por eso digo que soy periodista y listo, y soy un privilegiado porque me pagan por trabajar en lo que me gusta. No soy esencial para la sociedad porque si yo no estoy, habrá alguna voz o varias que sigan informando. Soy periodista y un privilegiado, pero esencial es otra cosa.
Para mi esenciales son los chicos que reponen en los supermercados, las cajeras, los carniceros, los panaderos, los que transportan la mercadería y los que laburan en el depósito. Esenciales son los remiseros, los bomberos, los empleados de banco, los camioneros.
Ni hablar los médicos y personal de salud en general. Los policías. Los judiciales. La gente del Registro de las Personas. Los empleados de las estaciones de servicio. Gente que por ahí no tiene ganas y va igual a trabajar porque si no ese día no hay otro. Ellos son los ESENCIALES.
Y con la vacuna es simple, como me enseñaron mis viejos: detesto saltarme en la fila (y eso fue para mí cuando llamaron a los periodistas y por eso preferí esperar), repudio a los ventajeros y a los que chapean. Y me consta que hasta hace unos días en Oberá había gente mayor de 70 años que no tenía ni la primera dosis. Entonces no.
Por último, comento que la “astragénica” me la puso en la pera, y eso a la señora que me aplicó (en la sala de Barrio Norte) tiene mano de seda y ni me di cuenta del pinchazo. A mí me pegó así, como una “gripesiña” reforzada. Después cuento cómo me va con la segunda dosis...

DANIEL VILLAMEA

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